Mátame (1)
"Y morirme contigo si te matan,No suelo preguntarme nunca hasta dónde podría llegar por un hombre. Siempre he creído que el amor es algo efímero, que con el tiempo, sin dudarlo, muere. Pero no he llegado a estar tan enamorada como para creer que podría perderme por alguien hasta llegar a ser para siempre.
y matarme contigo si te mueres,
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren"
Pero la razón me juega malas pasadas cuando se trata de resistirme ante la seguridad de un hombre: es eso lo que me pierde.
Cuando conocí a Pedro tenía 18 años. En aquella época frecuentaba por primera vez el mundo de los chats de sexo, me excitaba muchísimo cuando nicks masculinos me abordaban con frases explícitas, y me invitaban a compartir algo más que una conversación "al uso".Pedro me "entró" como un caballero, muy correcto y educado, de hecho ni me fijé en él, le contestaba con monosílabos y no le prestaba demasiada atención. Hasta que después de un rato sin obtener respuesta a sus preguntas me dijo:
"Me gustaría domesticarte, perrita de 18 años"Automáticamente salí de todos los privados y canales donde había entrado y me dediqué única y exclusivamente a él. A leer lo que quería de mí. Y consiguió lo que quiso, lo tuvo: una perrita de 18 años, completamente a disposición de un hombre de 50.
Aprendí muchas cosas de mi relación con Pedro.
Más adelante, me pasó algo parecido con Daniel. Daniel era un chico normal, amigo de una amiga, al que conocí una noche de jueves.
La noche del jueves se presentaba bastante animada, acudimos al pub de moda en aquella época y había material más que irresistible para una perrita en celo como yo.Bailé con todos y cada uno de los chicos allí presentes, alguno quería más, pero todavía no sabía por cual decidirme.
Miré a Daniel, en la barra, observando. De repente me miró con unos ojos que jamás olvidaré, vino hacia mi, me agarró fuerte del brazo, y me llevó a una esquina del local. No dijo nada, me plantó un beso en el que me metió su lengua hasta la campanilla y empezó a restregar su polla con mi falda. Me retiré, le pegué una bofetada y me dijo:
"Eres la puta que siempre he querido para mí solito"Y entonces fuí yo la que le besé con lujuria y la que no se separó de su polla en todo ese fin de semana.
Y es que la seguridad de un hombre, ME MATA.


Me ordenabas, en tu carta, que cuando notara que mis jugos comenzaran a salir, fuera bajando mis manos, acariciara mi vientre, y con dos dedos, explorara lo que a ti tanto te gusta explorar con la lengua, dando pequeños golpecitos y poniéndome todavía más cardiaca.
La mirarás, te quitará la ropa, tú a ella, la admirarás, le besarás los pezones, con mimo, con cariño, serás suave y bajarás poco a poco hasta su coñito húmedo, porque tú sabrás cómo excitarla... y entre las dos pasaréis un momento magnífico, lleno de sensibilidad y descaro.






















