Regresas a mi mente un día gris. Pensé que te había olvidado, pero... no.
Regresas a mi mente y hubiera preferido que siguieras en mi olvido.
Casi lo logré, casi lo logro, pero no.
Hoy regresas, regresas para marcharte al instante, y para siempre.
Regresas para recordarme esa noche, que hoy me parece perfecta, mágica, maravillosa. Increíble.
Velas rotas.
Lentamente cruzaste la línea, en silencio, una mano en mi pierna, una mala película.
Hacía frío y buscabas mi piel, mi calor, mi sangre hirviente, mis besos calientes. Una caricia en el momento justo, un beso lascivo en la mejilla, largo hasta el cuello, apartaste mi cabello, agarraste mi mano y la llevaste...
Me duele recordarlo...Velas rotas. No dejaste un recodo de mi piel sin besar, sin tocar, sin lamer. Silencioso, siempre. Tapabas mi boca, con tus besos suaves, con tus dedos largos y delgados, haciéndome llegar al cielo.
¿Estarás allí?...
Como un barco surcando una tormenta previsiblemente inmensa, naufragaste, me rescataste y te derrumbaste en mi, dentro de mi: el oasis que buscabas, tu isla... y te perdiste, me perdí...
Y hoy sé que te he perdido para siempre.
Voy por tí. A toda vela, con la fuerza que me da tu recuerdo y tu aliento, que todavía siento en mi frente despidiéndote rápido, silencioso, como siempre: en silencio.
El Silencio que hoy me trae tu ausencia y tu recuerdo..

Gracias Luis por esa noche, donde quiera que esté tu Vela.