Ya no

- Crees que podrías llegar a quererme otra vez?
- No, no lo creo.
- He venido sólo porque tú me lo has pedido.
- Lo sé. Lo deseaba. Deseaba dormir junto a tí esta noche.
- Entonces, ¿por qué?
- No lo sé. Pero ya no puedo quererte. Puedo extrañar quererte, puedo recordar cuánto te quise, pero quererte... nunca más.
- Me gusta acariciarte... tienes un pecho suave.
- Gracias. Tú lo hiciste... como decía tu canción: tu mano fue la mano que talló mi pecho blando en material tan duro.
- Yo todavía te quiero.
- "...Todavía" suena a retazos de lo que fué. No digas nada. Sé que me quieres. Pero yo no pude quererte más, y no fue suficiente. Desterré el amor precisamente para poder dormir abrazada a ti esta noche. De quererte aún no estaría aquí, no podría estar aquí, ya no.
- Te echo de menos.
- Yo no, pues nunca te tuve. No se puede echar de menos a alguien que nunca estuvo de verdad.
- No digas eso. No ahora, no después de todo lo que pasamos... hice cuanto pude. Me acobardé, me dió miedo dolerte, me dio miedo no darte lo que tu necesitabas... sufría al ver que tu y yo jamás.....
- Nosotros, no tú y yo: NOSOTROS.
- Sufría al ver que Nosotros jamás... aún me duele.
- Tú también me dueles, me dueles en el recuerdo. Pero no hoy. Hoy sólo quería decirte adiós.
- Adiós suena eterno.
- Ya no te quiero y jamás podré quererte. Fuiste tanto... tanto... TODO, que me vaciaste entera. Y después me fui llenando de otra vida, de otras letras, de otro yo, de otras risas, de otros viajes, de otros cuerpos, de otros besos... y ya no hay sitio para tí.
- Eres, fuiste y serás la mujer de mi vida.
- Sabes que no. La mujer de tu vida es ella. Con la que compartiste, compartes, y compartirás tu vida entera por propia voluntad. Yo sólo fui una ráfaga de aire fresco, y como toda ráfaga de viento: Pasa.
- No te vayas.
- No me voy. Aquí estoy. Abrázame fuerte. Abrazá esta ráfaga. Siéntela ahora, es tuya, por última vez.
- Ha sido una mala idea venir.
- Pues márchate, si así lo sientes. Márchate. Gracias por haberme tocado otra vez. Gracias por tus besos, gracias por mirarme así, de nuevo. Gracias por darme lo que necesitaste darme.
- Te quiero Lucía.
- Yo no. Ya no.
(La lluvia me ha renovado... yo lo sabía)






En cada letra te veo hablándome, sincero, travieso, risueño. Eres tú, jugando a saberlo todo de mí.












