Mi miedo
que me da no tenerte
apresando mis dedos con los tuyos
derramando en mi vientre tus secretos.
No he querido ceder, porque es el mío
y me posee tanto como el mismo deseo.
Qué más da que grite y que me agarre
hasta la última arruga de tu cuerpo.
Sé que te irás, y que el miedo me guarda hasta el regreso.
Porque quiero el temor de llegar a ser libre
de no llegar a llorar con cada orgasmo
tengo miedo de que no me acaricies el pelo cuando acabas
y roces mis mejillas con tus labios.

No deseo tenerte más que un rato.
Tan enganchada al miedo estoy
que es por tu culpa
que le quiero.
No sé si igual que a ti.
Pero le quiero.
Quiero sentir tu voz,
Me voy de disfraces, un viaje a las nieves.
En la memoria quedan.
Desnudo tú y tu espejo. Los brillos de tus ojos.
Reposo del frío y del calor de tus manos.
Sois de verdad.
Lo dejaremos en tablas.
Los azules del cielo, increíblemente intensos, dejan paso a la noche oscura y perfumada.
Ya no pisamos piedras de arroyos,
Yo volvía en autobús.
Tacón alto y el baile, preparadas para no poder parar. Con la sonrisa de bandera, el movimiento sensual. Caminando entre las gentes, no necesitamos nada más...
Y empápame de vicio, condéname en la hoguera, y no me calmes nunca.
Los conté, y serán veintiuno.











